Los musgos (briofitas) son unas plantas muy simples. Carecen de vasos conductores, de flores y de frutos. Existen unas veinte mil especies repartidas por todo el mundo.
Los musgos apenas tienen raíz, simplemente se sujetan al suelo, a las rocas, a los árboles, a las paredes y a los tejados…
Los veremos por todas partes, siempre que haya umbría y humedad.
Los musgos pueden absorver veinte veces su peso en agua, para ir perdiéndola lentamente en las estaciones secas.
Los animales no se alimentan con estas plantas, pero sirven de cobijo a multitud de insectos e incluso aves.
Este manto verde que crece en el suelo de los bosques húmedos, al retener tanta agua, evita que las lluvias torrenciales erosionen el suelo, además de mantenerlo húmedo, permitiendo así que crezcan otras especies de plantas más complejas, como los árboles.
El musgo tiene un agradable aroma fresco y una textura aterciopelada que lo hace muy apreciado para decorar nuestros belenes, además de su hermoso color verde.
Pero es muy importante no arrancar musgo de los bosques pues los protegen muy activamente de la erosión y la sequedad del verano como ya os he comentado, por ello, si queremos musgo natural (también está la opción del musgo artificial, que está muy logrado), tendremos que ir a un vivero autorizado, donde nos venderán trozos de musgo natural cultivado por ellos.
Si utilizas musgo en tu belén, imagino que sabrás que puedes guardarlo de un año para otro durante varias navidades, pues aunque se seque, cuando lo humedezcas volverá a recuperar su color verde y su textura.




